¿Un Espejismo o Más de lo Mismo?
Por: Deisy Viana
Déjame contarte que en el teatro político, hay quienes se aferran al poder como si fuera su única tabla de salvación. Las recientes elecciones internas del PSUV, aún sin resultados definitivos, nos recuerdan que el poder no solo es un privilegio, sino también un espejo que refleja las inseguridades y ambiciones humanas. ¿Qué lleva a alguien a desear perpetuarse en un cargo, incluso cuando la aceptación popular se desvanece? ¿Es una cuestión de autoestima, de intereses personales, o simplemente el miedo a la irrelevancia?
La autoestima juega un papel crucial. Para algunos, el poder se convierte en una extensión de su identidad, una forma de validar su existencia. Sin él, sienten que desaparecen, que dejan de ser relevantes, ¡Pierden popularidad!. Pero también están los intereses: el poder abre puertas, garantiza beneficios y, en muchos casos, protege de las consecuencias de decisiones pasadas. Es un escudo y una espada, todo en uno.
Sin embargo, no podemos ignorar las artimañas que algunos utilizan para perpetuarse en el poder. Desde la manipulación emocional hasta la coacción directa, estas estrategias buscan desmotivar a posibles contendientes y consolidar su posición. Se recurre a la desinformación, sembrando dudas sobre las capacidades de otros, o incluso a la presión social, obligando a personas a actuar en contra de su voluntad con tal de cuidar "algún beneficio". Estas tácticas no solo dañan la confianza en las instituciones, sino que también perpetúan un ciclo de exclusión y estancamiento.
¿Cómo enfrentamos sus trampas y tropiezos? La clave está en la transparencia y la participación activa. La ironía de quienes se aferran al poder es que, al hacerlo, suelen cerrar las puertas a nuevas ideas y perspectivas. Es esencial que las instituciones y los ciudadanos exijan rendición de cuentas a quienes se encuentran en esas posiciones y promuevan la renovación. La democracia no solo se trata de elegir, sino de permitir que otros asuman el liderazgo.
Y cuando la aceptación popular ya no está de su lado, el consejo práctico es simple: retirarse con dignidad. La historia recuerda con respeto a quienes supieron dar paso a nuevas generaciones, pero condena a quienes se aferraron hasta el último momento, dejando un legado de división y desconfianza.
Para cerrar, una reflexión basada en la Biblia: "El que ama el dinero, nunca se saciará de dinero; y el que ama la abundancia, nunca se saciará de ganancias. También esto es vanidad." (Eclesiastés 5:10). El poder, como el dinero, puede ser un espejismo; aferrarse a él solo lleva a la insatisfacción y al vacío.